7 dic. 2016

Ansiedad y crisis económica


La crisis económica y las dificultades de todo tipo que ha provocado en las familias puede ser tanto un detonante como un agravante de algunas enfermedades o dolencias mentales, entre las que podríamos destacar la ansiedad y la depresión, muy relacionadas entre si. Hay un gran desconocimiento y temor ante las dolencias mentales entre el público en general, probablemente procedente del miedo atávico del hombre a perder su cordura. 

El mejor antídoto al miedo no es la ignorancia o el mirar hacia otro lado, es aprender qué son y cuál es su tratamiento. En el fondo, son una enfermedad más. Tiene que diagnosticarse y tratarse, y tiene cura en la gran mayoría de casos. La ansiedad no es una enfermedad trivial. Es un sufrimiento mental que tiene bases químicas, físicas y ambientales. No es un síntoma de debilidad o tibieza de carácter, como muchos creen, es un desequilibrio físico y mental que debe tratarse, o se corre en riesgo de que desemboque en enfermedades más graves, como podría ser la depresión mayor. 

Vamos a tratar de dar una información práctica que permita a cualquiera detectar las luces rojas de alarma y dar algunas pautas para su tratamiento. Lo primordial es que si se siente mal acuda a su médico. No tenga ninguna vergüenza, no es culpable de nada. Debe acudir a un médico para que diagnostique lo que le ocurre y le prescriba un tratamiento si lo valora necesario.

Algunos síntomas de la ansiedad


 ¿Cuándo podemos empezar a sospechar que los nervios habituales sobrepasan un umbral de salud? La ansiedad es una combinación de estímulos ambientales (la crisis y los problemas que ella conlleva son un caldo ideal de estímulos ansiógenos), pensamientos negativos (de ruina económica, de inutilidad por haber perdido el trabajo, de falta de identidad por perder un nivel de vida anterior) y respuestas físico-químicas que combinadas nos provocan una emoción dolorosa de intensidad elevada y con una duración anormalmente alta.

Normalmente, salvo en casos de ansiedad que cursa en formas encubiertas (dolores físicos, enfermedades psicosomáticas, etc), la persona que sufre un estado de nervios anormal y que le sobrepasa sabe detectarlo. La diferencia entre estar nervioso y sufrir una ansiedad desbordada es dolorosamente clara para el enfermo. Básicamente, haga lo que haga no se relaja. Algunos de los síntomas que nos deben alertar son:


  • Desesperación o depresión de ánimo. Uno empieza a sentirse mal en todo momento, la vida se torna un cúmulo de sensaciones desagradables, estresantes y calamitosas. 
  • Sensación de impotencia e incapacidad para hacer las actividades diarias normales (trabajar, ir a pasear, estar con la familia). 
  • Baja autoestima. 
  • Hostilidad y resentimiento hacia uno mismo o hacia los demás. 
  • Irritabilidad; cualquier cosa nos hace perder la calma y nos altera de forma exagerada. Se pueden desarrollar fobias a la gente, a salir a la calle o miedo infundado a la muerte. 
  • Obsesiones, pensamientos no deseados que no cesan por mucho que uno lo intente; en el caso actual de dificultades económicas, es normal estar preocupado y pensando en cómo salir adelante. Cuando estos pensamientos se hace constantes, no los podemos controlar y no paran por mucho que lo intentemos, nos dificultan concentrarnos y realizar nuestra actividad diaria, estamos ante posibles pensamientos automáticos. Si no se hace nada, su intensidad y duración aumentan. 
  • Tensión muscular, que puede producir contracturas frecuentes. Otros síntomas físicos como el hormigueo en brazos y piernas o la pérdida de visión (visión túnel) son también frecuentes, así como taquicardia que hace temer al paciente que está sufriendo un ataque al corazón. 
  • Dificultades para conciliar el sueño o despertar a las pocas horas y no poder volver a dormirse. 
  • Dificultades para decidir. 
  • Compulsiones y hábitos perjudiciales como la bebida, consumo de tabaco, juegos de azar, derroche de dinero, gula, conductas sexuales no deseadas. 


 Si uno experimenta varios síntomas, de forma continuada y con una intensidad anormalmente alta, debe acudir a su médico de cabecera. La tarea de este profesional es valorar la gravedad de la ansiedad y decidir si le conviene tomar medicación y acudir a un psicólogo. No le tenga miedo a tomar medicación si se lo prescribe su médico, piense que está enfermo y debe curarse. ¿Acaso si tiene fiebre durante una semana y no le baja no se va a tomar un antipirético y antibióticos? En la ansiedad se toman tranquilizantes y antidepresivos. No es algo malo ni debe hacerle sentir mal, lo que siempre hay que hacerlo por prescripción de un facultativo.

Tratamiento de la ansiedad


Lo primero y más importante acudir al médico; no se deje aconsejar por otra gente que haya podido pasar por un trago similar en cuanto a la medicación a tomar. Si su médico de cabecera no le hace caso y no valora adecuadamente su nivel de ansiedad (los médicos también se equivocan, unas veces por falta de formación y otras por falta de tiempo o atención), solicite una segunda opinión o vaya a un especialista (un psiquiatra normalmente) privado, si lo estima conveniente. La mejor inversión de la vida siempre es nuestra salud. Al principio hemos dicho que la ansiedad tiene un componente ambiental, otro físico-químico y otro mental.

El tratamiento ideal es uno que incida en los tres aspectos:


  1. Condiciones ambientales: si uno ha perdido el trabajo está claro que no puede arreglar su situación económica de golpe. Si además está enfermo, menos. Pero si que puede adoptar hábitos que le ayuden a relajarse, hacer ejercicio moderado, visitar a unos amigos, leer, descansar en la playa. Lo principal en estos momentos es entender que si uno sufre de ansiedad no debe tomar decisiones importantes en su vida. Tenga paciencia y espere a que el resto de tratamientos surjan efecto.
  2. Tratamiento físico-químico: Si la severidad de la ansiedad lo hace necesario, su médico le recetará medicamentos para calmarle, que pueda descasar y dormir y que su química interna se equilibre (en los procesos ansiosos hay varios desequilibrios de sustancias químicas en nuestro cuerpo, tales como la noradrenalina y la serotonina). Se le pueden recetar somníferos (para forzar el sueño), ansiolíticos (tranquilizantes para disminuir el nivel de ansiedad) e incluso antidepresivos (en función de su sintomatología), entre otra medicación. Lo importante es que tenga paciencia, ya que los efectos no son inmediatos y a veces el médico tiene que varíar el medicamento o la dosis según el paciente.
  3. Tratamiento mental: Si su médico lo considera necesario, le debería recomendar un psicólogo especializado en tratamiento de la ansiedad. Le enseñará técnicas mentales para controlar sus pensamientos negativos, nuevas pautas de conducta e intentará hacerle ver si su forma de percibir la realidad es inadecuada. 


La ansiedad puede llegar a ser una enfermedad invalidante que afecta a todos los ámbitos de su vida. No hay que tomarse sus síntomas a la ligera ni exagerar las consecuencias de la enfermedad. Lo que hay que hacer es acudir al médico y tratarla. Nada más, nada menos.

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