13 oct. 2008

Recomendaciones del FMI para afrontar la crisis y medidas tomadas por la UE


El Fondo Monetario Internacional ha dado cuatro puntos que a su criterio podrían servir para empezar a tomar medidas para resolver la crisis actual:

1.- Garantía gubernamental temporal de toda la deuda bancaria, incluyendo el interbancario y los depósitos monetarios, para permitir recuperar la actividad en esos segmentos clave y propiciar la circulación de la liquidez.
La ideas es simple: dejar claro al mercado y a los propios bancos que los préstamos y depósitos están garantizados por el Estado, el Sector Público Nacional e incluso por entidades supranacionales si hace falta.

2.- Reconocimiento de todas las pérdidas de los bancos en sus balances, para permitir de nuevo la recuperación de la confianza.
Los bancos no se fían de dejarse dinero entre si porqué desconfían de la solvencia de los demás; entonces hay que acelerar los mecanismos contables para que las pérdidas de sus inversiones en títulos respaldados por hipotecas subprime y demás se reflejen en sus cuentas.


3.- Proporcionar dinero público para suscribir la recapitalización de los bancos de manera ilimitada.
Medida polémica, desde luego, que con el dinero de todos se recapitalice un negocio privado que es la Banca; pero me temo que para los contribuyentes sería peor no hacerlo. Hay que crear mecanismos que nos aseguren que este dinero que se inyecta se destina a buen fin y que una vez la Banca vuelva a funcionar, esta inversión realizada por todos los contribuyentes sea retribuída adecuadamente.
Dejemos dinero a los bancos para evitar su quiebra. De acuerdo. Pero que cuando obtengan beneficios una vez más, devuelvan ese dinero a las arcas públicas con los intereses adecuados. Gratis no hay nada, y eso los bancos lo saben bien.

4.- Alcanzar un grado de coordinación internacional suficiente, de tal forma que la desconfianza no se pueda trasladar de un país a otro ante temores asimétricos de solvencia.
Esta crisis está logrando lo que ninguna ideología ha logrado antes. Unir al Mundo. Una consecuencia inesperada para los Popes del sistema capitalista, eso seguro.

Recogiendo estas directrices del FMI, y siguiendo el plan británico de avalar los préstamos interbancarios (cuya media de tipos a los que se conceden es el famoso euribor), la eurozona aprobó ayer en París un acuerdo marco, que deberá ser trasladado a cada país de la UE.

El eurogrupo acordó reactivar el mercado interbancario (y consecuentemente relajar el euribor) con avales estatales. La idea es que los bancos se dejen dinero entre si, ya que la desconfianza a que la contraparte quiebre desaparece, al avalar ese dinero el propio Estado. Otro problema añadido es que haya suficiente liquidez en los bancos para dejarse dinero entre si. Estos avales se ofrecerán hasta el 2009 a cambio de una remuneración adecuada (no serán gratis, hay que pagar por ellos).

La otra medida destacada es los 15 aportarán los fondos necesarios para aumentar la capitalización de sus bancos en dificultades hasta un nivel que garantice su solvencia. En las entidades financieras más debilitadas, los Estados podrán tomar participaciones (nacionalizarlas, en pocas palabras); España, de momento, dice que esta medida no va a ser necesaria para sus entidades.

Buenas medidas, acertadas y esperemos que correctamente ejecutadas

La crisis que nos atormenta es la "madre de todas las crisis", pero las medidas que están tomando los Estados de todo el mundo, son la "madre de todas las intervenciones públicas".

Buenas noticias entre tantas malas noticias.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Se acabó el neoliberalismo?



DIARIO PAGINA 12 ARGENTINA. IMPERDIBLE
VICTIMARIOS VICTIMAS DE SU SISTEMA ESPECULATIVO





Por Emir Sader *

El neoliberalismo se constituyó en un nuevo modelo hegemónico en la historia del capitalismo, sucediendo al regulador-keynesiano o de bienestar social, como se quiera llamarlo. Realizó su diagnóstico sobre el agotamiento del modelo anterior y se propuso reorganizar el sistema capitalista en su conjunto, conforme a sus principios liberales reciclados para un nuevo período histórico.

Fue un modelo absolutamente hegemónico, que logró extenderse de la forma más universal posible: de Europa Occidental a Estados Unidos; de América latina a China; de Europa Oriental a Africa, de Rusia al sudeste asiático. Tuvo crisis precoces –a lo largo de la década de 1990, en México, en el sudeste asiático, Rusia, Brasil, Argentina–, pero se mantuvo hegemónico, sin ningún otro proyecto alternativo que le disputase esa categoría. Suscitó grandes movilizaciones en su contra –como las iniciadas en Seattle, que desembocaron en los Foros Sociales Mundiales–, siguió tropezando, como en la Organización Mundial de Comercio, con el adelgazamiento del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, pero continuó siendo el único modelo globalizado. Después de algún tiempo, la propuesta híbrida de China permitió que surgiera la expresión Consenso de Pekín, en lugar del de Washington, pero girando siempre en torno de las adecuaciones de las políticas de libre comercio.

Las potencias centrales del capitalismo ya habían sido víctimas de la desregulación y del potencial de ataque del capital especulativo, entre ellas Gran Bretaña en los ’80, objetivo del megaespeculador George Soros. Pero todo ataque especulativo tenía a Estados Unidos como beneficiario; toda fuga de capitales encontraba a la Bolsa de Nueva York como refugio. Se sabía que ese carnaval especulativo sólo encontraría límite cuando el principal beneficiario de la misma se convirtiera también en víctima. Ese momento llegó.

Las medidas emergentes, como siempre, hieren la doctrina neoliberal, con intervenciones directas y masivas del Estado –como ya había sucedido desde la primera crisis neoliberal de México, en 1994–. Pero, ¿significaban el fin del neoliberalismo? ¿Es posible retomar los procesos regulatorios globales –un nuevo Bretton Woods– que frenen estructuralmente la libre circulación de capitales y la reviertan por procesos de desregulación económica, esencia misma del neoliberalismo?

Nada indica que eso sea posible. No existe una lógica racional del sistema capitalista que haga que sus agentes –de grandes corporaciones de estados dominantes– integren una lógica superior del sistema. Esa es una de sus contradicciones estructurales, entre dominación global y apropiación privada.

La actual se trata de una gran crisis capitalista –se dice que la mayor desde la de 1929–, que puede abrir camino para la construcción de un modelo alternativo. Sin embargo, por el momento no se vislumbra en el horizonte ningún modelo que pueda tener ese papel, ni siquiera de manera embrionaria; a lo sumo existen versiones híbridas, como las políticas económicas de China y Brasil. La propia proliferación de gobiernos conservadores, nada innovadores en sus políticas, ubicados en el centro del capitalismo, indica que nada de nuevo puede provenir de ellos en sustitución del modelo agotado.

Todo indica que entre la crisis del modelo precozmente envejecido y las dificultades para el surgimiento de uno nuevo, mediará un período más o menos prolongado de inestabilidades, de sucesivas crisis, de turbulencias. Porque lo que se agota no es únicamente un modelo hegemónico, sino también la hegemonía política de Estados Unidos –los dos pilares de sustentación del presente período político, que sustituyeron al modelo regulador y a la bipolaridad mundial. Y tampoco en este terreno surge en el horizonte una potencia –o un conjunto de ellas– en condiciones de ejercer una nueva hegemonía.

El neoliberalismo no termina, pero se agota, dando paso a un período de disputa por alternativas en las que –por el momento– sólo se ve aparecer propuestas superadoras en América latina. Gana así la región un protagonismo –junto con China– en la proyección del mundo futuro para toda la primera mitad de este siglo, en la disputa entre lo viejo –que se resiste a morir y produce crisis con consecuencias por todos lados–, y lo nuevo, que comienza a anunciar el posneoliberalismo, un mundo solidario, desmercantilizado, humanista, del que el Foro Social Mundial de Belem –del 27 de enero al 1º de febrero– será una muestra pluralista y vigorosa de alternativas al neoliberalismo.

* Sociólogo brasileño. De La Jornada, de México. Especial para PáginaI12.



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Pau A. Monserrat dijo...

Un buen analisis, pero sesgado.
Decir que los modelos chinos o de algunos países de america latina pueden sustiuir a la economía occidental, me parece muy dudoso. De China tal vez podamos hablar como potencia mundial en un futuro, pero no olvidemos que su déficit democrático es aún demasiado exagerado para considerar seriamente su liderazgo mundial.

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